El Mundo De
La Vida:
Nunca pensé que la vida sería un camino cerrado. Más bien
todo lo contrario, creía que existían miles, millones de caminos posibles y que
en cualquier momento podría cambiar de uno a otro, jugar con varios a la vez
creando cruces y rotondas que me permitieran vivir como yo quisiera, disfrutar
de la vida a mi manera sin barreras, sin fronteras. Claro que para entonces yo
era joven, ingenuo y por supuesto, no tenía cáncer.
Hoy, miércoles 13 de Abril
de 2012 me miro tristemente en el espejo metálico de un cutre cuarto de baño, habitación
135, edificio 2, sección B del hotel FeelingWell.
No
os dejéis engañar por tantos números y secciones, en realidad es una compañía
de hoteles apolillados y cucaracheados que, si bien tuvieron cierto prestigio
en un pasado, hoy en día no valen apenas cuatro perras. Un viejo entramado
hotelístico que no se ha derrumbado aún por las pequeñas contribuciones de yonquis,
furcias, mafias y demás desechos sociales que decidieron que estas paredes eran
de lo mejorcito para realizar sus asuntos personales.
Echo
un vistazo atrás, a la habitación 135, Siendo una de las más caras que he
podido encontrar en esta mierda de hotel, apenas tiene una cama individual de
colchas negras como el betún, anaranjadas por pequeñas manchas que seguramente será
sangre, junto a ella, un pequeño mueble bar que, tras una pequeña exploración
he descubierto que solo tiene una botella de vodka a la mitad (que he vaciado a
un cuarto a palo seco), una vieja caja de kitkat completamente vacía y un
puñado de condones usados, de chocolate en su mayoría
Además hay un armario de
madera, robusto y que no pega para nada con el papel de pared, de margaritas
sobre un fondo blanco amarillento y lleno de agujeros donde se puede entrever
la antigua pintura, de gris metálico.
-Mierda barata, murmuro dejando esbozar una
pequeña sonrisa, la primera de esta semana.
Me vuelvo lentamente, ante mí
se alza un espejo mediano, levemente inclinado y enmarcado por algún metal
barato o incluso plástico, ¿Quién sabe? En algún apartamento vecino comienzan
los gritos orgásmicos de una mujer demasiado ruidosos para ser totalmente
ciertos.
-Una puta, exclamo
simplemente como preso de un descubrimiento totalmente inútil y estúpido.
Dentro del espejo mi reflejo
mira un mundo que estoy dejando a atrás lenta y dolorosamente. Apenas me
reconozco en él, unos ojos azules hundidos en las cuencas de una cara pálida,
sudorosa y marchita, demasiado delgada y huesuda para parecer sano ante los
demás, los labios grandes, llenos de pupas oscuras no ayudan demasiado y por si
fuera poco con una calva reluciente, que deslumbra incluso a la luz de la
bombilla más débil.
-La verdad es cruda, estoy
hecho una puta mierda.
Tras este reconocimiento
aprieto fuertemente la mano derecha, todavía escondida en el bolsillo derecho
de mi sudadera de Kurt Cobain, y sujeta aquello que es tanto mi salvación como
mi perdición.
- Después de todo, el
aspecto ya no debería importarme demasiado, pienso, y esto me entristece
enormemente… tanto que, con la mirada convertida en un mar de diamantes
cristalinos observo como de las cuencas profundas de mis ojos caen lágrimas. Hacía tiempo que no lloraba,
demasiado tiempo… hacerlo ahora me hace sentir muchísimo mejor.
Mientras tanto mi mano sigue
agarrando con fuerza aquello que me devolverá la capacidad a elegir de nuevo, a
elegir no ser un yonqui del tratamiento anti cáncer, a elegir no estar siempre preocupado
por una salud que nunca recuperaré. Aprieto aún más fuerte y me sonrío a mi
reflejo marchito que, rápidamente me devuelve
la sonrisa, pícaro, lo observo mientras saco del bolsillo mi solución, el único
camino que se me ha abierto frente al camino de un cáncer de próstata que nunca
podré curar y que me ha arrebatado todo los demás.
-Sí, la única solución,
murmuro pensativo mientras mi reflejo descubre una copia exacta de mi revólver
Gamo CO2, un revólver corto y pesado con mango y cañón negros.
Observo brevemente su
interior, solo una bala ocupa su lugar correspondiente para ser disparada
destinada a un tiro limpio y prácticamente indoloro. Lentamente alzo el brazo…
Y mientras acerco el cañón a
la parte derecha de mi cabeza miles de pensamientos cruzan mi mente.
Noto el tacto frío de este y,
súbitamente, una imagen surge de todas las demás:
Los policías encontrando mi
cadáver ponzoñoso, después de varios días pudriéndose (debido a que el servicio
de habitaciones no debe de ser especialmente bueno y no creo que vengan en un
tiempo)
Los policías encontrando mi
maletín con mi carta de despedida, un simple papelote en el que he garabateado
un adiós, nada sentimentaloide (nunca me han gustado esas cosas) y la munición
que venía incluida y que por supuesto, no usaré.
-No lo he planificado
demasiado bien, me digo mientras quito el seguro de mi arma y sin apartar los
ojos de mi reflejo suspiro, decidido al fin –Por lo menos la puta ha dejado ya
de follar.
Elevo la vista hasta poder
percibir el brillo febril de mis ojos enfermos y comienzo a apretar el gatillo,
Al momento percibo por un momento el olor a campo, a mi pueblo, el lugar donde
solía pasear con mi perro y mis padres, enterrados los tres hace ya cuatro
años, un olor a hierba fresca, a matorral y a aventura, olor a una vida pura,
sin problemas, sin ningún temor ni lamento, a la verdadera vida que ya solo
puedo recordar y… inesperadamente, sonrío, una amplia sonrisa que cubre todas
mis penas y recuerdos, por fín me siento en paz.…Como si estuviera muy lejos
oigo el disparo.
A lo lejos, en el horizonte
comienzan a deslumbrarse los primeros rayos del nuevo día y el viento se
enrosca en miles de caminos suntuosos que se entrecruzan sin ningún control.
A lo lejos el mundo sigue…como
si nada hubiera pasado.
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