No sé si alguien leerá algún día
estas páginas. Si unos dedos curiosos logran teclear las teclas al azar, que
lleguen a desbloquear, la clave que pienso ponerle a este escrito, este maldito
escrito en el que me adentraré en mis emociones y pensamientos más oscuros…Algo
que nadie debe conocer de mi jamás, por mi propio bien.
Pero si lo has logrado, si has conseguido poner tus rollizos
ojos, ávidos de conocimiento, en este escrito ya solo tendrás dos
opciones: Cerrar el documento,
olvidarlo, borrarlo, como si nunca nada hubiera pasado o aposentar fuertemente
tus posaderas en alguna silla o taburete, porque lo que vas a desentrañar a lo
mejor te escandaliza, te rompe los esquemas de la realidad y te hará verla de
otra forma más salvaje, más cruda.
La noche se presentaba silenciosa, bajo la tenue luz de la
luna creciente los objetos eran apenas sombras oscuras, sin colores, sin vida,
como si la misma noche hubiera absorbido todo el color de la realidad dejando
únicamente retazos de lo que antes fue una bonita tarde de verano. Observo mis
rodillas, un par de tiras de piel desgastadas y blancuzcas que tapan huesos
gastados y blancuzcos, Esta noche me
tiemblan, quizás por el frío o por lo que me han ordenado hacer, Curiosamente,
el tembleque sigue un ritmo fijo, como bailando al son una música que solo
ellas escuchan…por lo menos aún me sostienen.
Desde luego hace frío…un frío de cojones que en vez de
enfriar parece quemar, abrasar todo mi cuerpo cada vez que una ligera brisa
recorre la ciudad solitaria. Jamás había sentido tanto calor producido por el
frío, una contraposición tan curiosa como la vida que me había tocado vivir.
Sostengo fuertemente el fusil, tan fuerte que el calor de mi
mano derecha remite un poco, a mi izquierda oigo el ruido de pisadas, por el rabillo
del ojo veo la silueta oscura de ‘Papel’. Se que es él, la nebulosa nube de
humo y el puntito de luz rojizo provocado por sus enormes puros cubanos es lo
que le descubre, por lo demás es horrorosamente silencioso, en un segundo puede
estar a tu derecha, detrás o debajo de ti y no percatarte ni de cuando ni como
a conseguido moverse allí tan rápido…
Miro mi reloj, preocupado, ya son las 4 am y hace tres
cuartos de hora que Papel y yo llevamos aquí esperando, medio congelados, esperando a que
el gilipollas del contacto traiga la mercancía. Tres cuartos de hora y cada
minuto que pasa me inunda de un millón de preocupaciones. A lo lejos se oyen a
los grillos trastabillando una canción irritante, inunda mis oídos y rompe el
silencio que tan hermoso me ha parecido al principio. De pronto, oí un sonido muy extraño, como si algo se estuviese arrastrando lentamente.
-Papel-susurro.
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