Ya que estoy voy a poner otra historieta, ésta me gusta bastante y espero que la disfruteis vosotros también:
Llovía
estrepitosamente, goterones más grandes que un dedo gordo se rompía constante
contra el cristal del coche gris eléctrico y luego sus restos, que eran pocos
por la velocidad a la que la mujer al volante conducía, discurrían hacía los
lados dejando tristes rastros de lo que antes había sido una gota luminosa,
luminosa sí. Pese a este tremendo chaparrón a lo lejos el sol brillaba con una
fuerza de aproximadamente las 4 de la tarde y las gotas de lluvia emitían
destellos coloreados, muy bonitos, como de otro mundo distinto al de todos los días, un mundo imaginario, extraordinario, en el que el sol y la lluvia fluyen bajo el mismo cielo.
Sin embargo, para Ángela, aquello no
era simple lluvia reluciente. Le parecían pequeñitos ángeles
cristalizados, que como esmeraldas de distintos colores se rompían contra la
tierra perdiendo su belleza, su interés.
Aunque claro, no todo se perdía en la dura tierra, las gotas, ya embarradas, se agrupaban en grandes charcos intentando aparentar orgullosas aquello que habían llegado a ser. Pese a ello, Ángela las veía entristecida, charcos embarrados, impuros, en nada parecido a lo que en las alturas eran: Angeles perdidos, ángeles aterrenados, ángeles marchitos. Como ellos, ella se sentía embarrada, catastróficamente enlodada a la altura de las rodillas y hundiéndose cada vez más en el gran suelo que era su vida.
Aunque claro, no todo se perdía en la dura tierra, las gotas, ya embarradas, se agrupaban en grandes charcos intentando aparentar orgullosas aquello que habían llegado a ser. Pese a ello, Ángela las veía entristecida, charcos embarrados, impuros, en nada parecido a lo que en las alturas eran: Angeles perdidos, ángeles aterrenados, ángeles marchitos. Como ellos, ella se sentía embarrada, catastróficamente enlodada a la altura de las rodillas y hundiéndose cada vez más en el gran suelo que era su vida.
Zarandeó su mano derecha intentando
concentrarse en la carretera y dejar de lado los recuerdos que empezaban a
aflorar, a clavársele en la piel… pero era inútil. La lluvia siempre le había
entristecido y excitado al mismo tiempo, le recordaba a la historia de su vida,
y esto le producía un placer abrumador y que ella pensaba estúpido.
¿Cómo unas pequeñas gotas de lluvia, una cosas
tan simples, podía recordarle su vida? ¿Cómo podía hacerlas tan suyas, como si
la lluvia solo contara su historia y la de nadie más? ¡No! Era demasiado egocéntrica.
Precisamente por serlo, el pasado
siempre le había perseguido, sin descanso, en forma de gotas cristalinas que
caían intermediariamente del cielo.
Era espantoso, horrible, que algo
tan hermoso al quebrarse, le quebrara también el espíritu, y más horroroso aún era que no pudiera escapar
de ellas, que por muchos días soleados que pasaran siempre habría, incluso en
el lugar más seco de la tierra, un día lluvioso. Un maldito día lluvioso…
-En fin-suspiró todavía atormentada-borrón
y cuenta nueva…
Tras esto, apretó fuertemente los
dedos contra el volante y siguió conduciendo, sólo conduciendo.
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