Bienvenidos a mi blog, en el intentaré plasmar ideas, noticias curiosas y historietas que suelo hacer en mi tiempo libre.

Espero sinceramente que os guste y os aporte algo en que pensar

domingo, 26 de febrero de 2012

Pequeños ángeles cristalizados


Ya que estoy voy a poner otra historieta, ésta me gusta bastante y espero que la disfruteis vosotros también:
Llovía estrepitosamente, goterones más grandes que un dedo gordo se rompía constante contra el cristal del coche gris eléctrico y luego sus restos, que eran pocos por la velocidad a la que la mujer al volante conducía, discurrían hacía los lados dejando tristes rastros de lo que antes había sido una gota luminosa, luminosa sí. Pese a este tremendo chaparrón a lo lejos el sol brillaba con una fuerza de aproximadamente las 4 de la tarde y las gotas de lluvia emitían destellos coloreados, muy bonitos, como de otro mundo distinto al de todos los días, un mundo imaginario, extraordinario, en el que el sol y la lluvia fluyen bajo el mismo cielo.

Sin embargo, para Ángela, aquello no era simple lluvia reluciente. Le parecían pequeñitos ángeles cristalizados, que como esmeraldas de distintos colores se rompían contra la tierra perdiendo su belleza, su interés.
Aunque claro, no todo se perdía en la dura tierra, las gotas, ya embarradas, se agrupaban en grandes charcos intentando aparentar orgullosas aquello que habían llegado a ser. Pese a ello, Ángela las veía entristecida, charcos embarrados, impuros, en nada parecido a lo que en las alturas eran: Angeles perdidos, ángeles aterrenados, ángeles marchitos. Como ellos, ella se sentía embarrada, catastróficamente enlodada a la altura de las rodillas y hundiéndose cada vez más en el gran suelo que era su vida.

Zarandeó su mano derecha intentando concentrarse en la carretera y dejar de lado los recuerdos que empezaban a aflorar, a clavársele en la piel… pero era inútil. La lluvia siempre le había entristecido y excitado al mismo tiempo, le recordaba a la historia de su vida, y esto le producía un placer abrumador y que ella pensaba estúpido.

 ¿Cómo unas pequeñas gotas de lluvia, una cosas tan simples, podía recordarle su vida? ¿Cómo podía hacerlas tan suyas, como si la lluvia solo contara su historia y la de nadie más? ¡No! Era demasiado egocéntrica.

Precisamente por serlo, el pasado siempre le había perseguido, sin descanso, en forma de gotas cristalinas que caían intermediariamente del cielo.
Era espantoso, horrible, que algo tan hermoso al quebrarse, le quebrara también el espíritu, y  más horroroso aún era que no pudiera escapar de ellas, que por muchos días soleados que pasaran siempre habría, incluso en el lugar más seco de la tierra, un día lluvioso. Un maldito día lluvioso…

-En fin-suspiró todavía atormentada-borrón y cuenta nueva…

Tras esto, apretó fuertemente los dedos contra el volante y siguió conduciendo, sólo conduciendo.

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