Aunque todo empieza nada tiene un
final ya que todo lo que acaba volverá a empezar…
Capitulo 1:
Ring….Ring….Ring…
Javier, molesto por el ruido insoportable
levantó su revuelta y larga cabellera morena y buscó el aparato que se
encontraba justo al lado de su oido izquierdo desperezandose rápidamente, ese
aparato infernal lo acababa de despertar de un sueño precioso, o eso creía,
últimamente había estado teniendo sueños que cuando despertaban le parecían
inolvidables pero que curiosamente no podía recordar, algo extraño pero que mas
le daba… Después de todo solo eran sueños.
De tres o cuatro manotazos al aire,
agarró el aparato con la zurda ágilmente, siempre se había sentido orgulloso de
saber utilizar las dos manos con la misma destreza, mientras se sentaba con las
piernas cruzadas sobre la cama ya totalmente revuelta.
-Maldito trasto ruidoso- maldijo
mientras lo apagaba con un golpe seco; a menudo se encasquillaba
- Antonio, levanta ya coño que
llegaremos tarde-exclamó enérgicamente y al ver que su compañero ni se inmutaba
agarró con mas fuerza el despertador y en un pequeño ataque de ira lo lanzó a
la cabeza de su amigo que se encontraba en la cama de al lado todavía medio
dormido, roncando lo que indicaba que seguramente se había bebido parte de la
botella de wiski, como siempre, a escondidas. Javier sabia que eso era algo
inevitable su amigo era desde que tenía memoria un borracho empedernido.
-¡Qué levantes ya, te he dicho!- le
volvió a gritar mientras le daba una patada amistosa procurando que fuera lo
suficientemente fuerte para sacar su vago culo de la cama.
Pero este, en vez de moverse, se cubrió la
cabeza con la almohada mientras se le oia farfullar una serie de sus
maldiciones favoritas, porque tenia muchas... y no dudaba en utilizarlas siempre
que podía. Antonio era a diferencia de Javier muy perezoso para levantarse y
completamente distinto a él tanto en aspecto físico como en su forma de pensar
y actuar, un chico de 19 de complexión larguirucha pero sin llegar a ser
considerado demasiado flaco por sus ligues inesperados y que, no solían durar. Tenia
unas gafas negras, cuadradas y grandes, de esas que estaban de moda entre los
jóvenes entre 17 y 20 años, que utilizaba muy poco ya que apenas las necesitaba
o porque utilizaba lentillas, pelo castaño lo mas corto posible para poder
improvisar una pequeña cresta que era muy fácil de hacer ya que su pelo era
moldeable como la plastilina, no era musculoso pero lo compensaba con su gran
inteligencia e ingenio, con la que ambos se habían salvado de varios peleas entúpidas
o riñas por cosas que, naturalmente solía provocar por donde pasaba Javier,
demasiado impulsivo para muchos y que no se callaba nada que pensase, ni lo bueno
ni lo malo.
-Vooy a darme 2 minutos-farfulló
-Ya, eso dices siempre-susurró el
primero- Yo me voy a poner ya a desayunar, no tardes mucho o me largo sin ti.
-JÁ-le replico el aludido-No se
como te vas a ir con este tiempo de perros.
-¿Cómo que no?
-Mira la ventana personaje… desde
aquí se oye el viento y la lluvia o la nieve cayendo --¿O es que eres sordo?-
le gritó Antonio mientras se volvía hacia la pared dándole la espalda.
Javier decidió no contestarle, pero
al ponerse a escuchar más atentamente descubrió que, efectivamente, fuera había
una tormenta de cojones y maldiciendo en silencio saltó de la mullida cama del
alberge en el que habían descansado toda la noche. Antonio siempre había tenido
un oido cojonudo, algo que el agradecía para enterarse de todos los cotilleos
que le interesaban pero que le ponía de los nervios en ocasiones.
El albergue se encontraba de camino
a su destino, los picos de Europa, un gran parque nacional, constituido por 6
grandes montañas rocosas en las que se podían observar todavía en verano
algunas ristras de nieve y hielo. En su alrededor se alzaban grandes y diversos
árboles centenarios donde vivían mas de 100 especies de animales, por ejemplo,
el año pasado habían avisado un gran oso pardo entre los árboles y varias águilas
reales por el firmamento.
Javier, estaba estudiando biología,
y viajar a ese lugar era para el una de las cosas mas interesantes e
inolvidables de su vida, su amigo Antonio, no le interesaba tanto el destino,
sin embargo, mas bien disfruta de las docenas de fiestas que se realizaban
entre los jóvenes en las ciudades y pueblos por los que pasaban.
Mientras esperaba a que su perezoso
compañero se levantara se sentó en la mesa de caoba del salón-comedor y sacando
de su mochila lo que pudo se hizo lentamente unas tostadas cubiertas de
mantequilla y un gran tazón de leche con un chorreón de café por encima.
En cuanto vio que ya no quemaba la
taza tomo dos largos sorbos que le aclararon la mente, mientras suspiraba de
placer y empezaba con la tostada oyó un ruido a su espalda y se volvió con una
sonrisa reprobatoria, tostada en mano para joder con algun comentario a su
amigo, sin embargo, no era él quien hacia el ruido. Al lado de la
puerta había una ventana de 1
metro de longitud con enmarcaciones plateadas y barrotes
de hierro por dentro parecidos al de una cárcel, junto a ella se encontraba un
gran reloj de cuerda que todavía funcionaba al que solo hecho un vistazo
-las 6.45- apuntó mentalmente,
entonces lentamente buscando el motivo del ruido se fijó en la ventana y dió un
respingo, detrás del cristal unos ojos plateados y brillantes con motas
violáceas alrededor de lo que debía ser la pupila lo observaban.
–Pero que…- antes de terminar la
frase su mente se nubló, dejo de ver claramente y notó como si algo se hubiera
metido dentro de sus recuerdos retorciéndole los pensamientos, era la sensación
más extraña de su vida, y aunque lo intentara no podía escapar, no podía
apartar su vista, con la que ya apenas veía, de aquellos ojos plateados. De
repente las motas purpúreas empezaron a girar cada vez más rápido, ya no notaba
casi nada, todo se había apagado excepto el latido de su corazón que retumbaba
en su cabeza como un estéreo de un concierto de rock, y su entrecortada
respiración, cada vez mas débil… -Me ahogo-se dijo Javier asustado- Me estoy
ahogando…, nada mas terminar de pensar esto volvió como se había ido a la
realidad.
Parpadeó rápidamente dos o tres
veces recuperando el control de sus sentidos. No sabía cuanto tiempo había
pasado ¿Horas, días, quizás semanas? Le había parecido una eternidad,
lentamente se fijó en que estaba exactamente en la misma postura que antes y que las agujas del reloj apenas se habían
movido
-¿Unos minutos tal vez?- se
preguntó totalmente desorientado y tan perdido que al volver a mirar por la
ventana apenas dio un respingo, los ojos lo seguian mirando, aunque parecía que
fruncian el ceño resentidos. Sintió sin quererlo una doble sensación, de
repulsión y atracción al mismo tiempo, al instante se impuso el miedo, un miedo
distinto hacia lo que había vivido hasta ese momento se sintió como un libro
abierto y desnudo ante aquellos ojos que lo atravesaban como una espada con la
mirada, sin embargo ya no sentía su mente invadida, junto a el oyó un ruido
apagado al que no hizo caso, los ojos se giraron y logro distinguir que
empezaba a clarear, su figura apareció por unos instantes, era esbelta y
delgada con una larga cabellera negra azabache que le cubría los hombros y los
pechos al estar en cuclillas. Goterones de lluvia caían como una cascada sobre
ella pero parecía no notarlo, eso si, Javier advirtió que a pesar de una camisa
totalmente blanca que le llegaba a las rodillas, prácticamente estaba desnuda.
-Pe-pero como…-logro balbucear
-¿Javier?
Este dio un respingo que casi lo
tira de la silla, y se giró moviendo los brazos en señal protectora.
-¿Antonio?-acertó a decir al ver a
su amigo con cara adormilada
-Ajá?-le respondió el otro con una
sonrisa ironica.
-No vas a creer…- susurro mientras volvía
a mirar la ventana ahora vacía- No puede ser…
Te veo muy palido tío, ni que
hubieras visto un fantasma- le dijo Antonio mientras le daba un golpe amistoso
en el hombro sonriendo, Javier le vió sentarse en una silla y empezar a
servirse una tostada de mermelada, se notaba pesado con la cabeza todavía
nublada y totalmente confuso.
- Has visto como tenía
razón-exclamó señalando la ventana
-¿Qué?
-¿Cómo que qué capullo? En que hace
un día de perros pero no te preocupes seguro que mejora- le explicó Antonio
mientras se untaba otra tostada y empezaba a comersela lentamente saboreándola-
te apuesto la próxima botella de vodka.
Javier no respondió, se quedó mirando la
ventana vacía con mirada ausente, notó que Antonio se le acercaba y le sacudía
suavemente el hombro
-¿Estas bien?-le preguntó
Javier en vez de responder saltó de
la silla y cogió su abrigo saliendo presurosamente
de la cabaña sin cerrar la puerta alejandose
de la cabaña sin hacer caso de los cada vez más lejanos gritos de su amigo
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